Etología II

Un perro persiguiendo a un auto.

De nuevo las mismas imágenes, se me pegan al papel y

las odio.

Pero igual el perro persigue al auto.

Trata de asirlo y se le escapa de entre las fauces sudorosas.

Y no queda más que un ladrido.

Yo ignoro el ladrido como él ignora mi odio.

Y así andamos, indiferentes y frustrados.

Hace varias noches que doy vueltas antes de acostarme.

Escribir ya no me calma.

Pienso en el perro y lo envidio,

al fin y al cabo él ya se habrá olvidado del auto.

No importa.

Él tampoco tiene todas las respuestas.

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